domingo, 22 de mayo de 2011

Politicos a la altura de los ciudadanos

Al comenzar este blog prometí no hablar de politica ni religión, pero los acontecimientos de esta semana pasada en la Puerta del Sol han conseguido que me salte la norma.

Lo que me da más rabia de este movimiento de "jovenes" es que han hecho lo que teníamos que haber hecho los "jovenes" de mi generación cuando teníamos 20 años, y no hicimos, aunque nunca es tarde para unirse a esta causa. Cuando yo tenía 20ytantos los políticos no eran mucho mejores que los de ahora y el sistema era exactamente igual. También vivimos momentos crisis económica, paro, etc... pero nos quedamos en casa resignados a que alguien solucionase la situación.

Mi protesta va dirigida hacia la clase política que nos representa, y cómo está organizado el sistema para que esos políticos lleguen a representarnos.

Si no me equivoco mucho, los políticos que encabezan listas, ofrecen multitudinarios mítines y ocupan portadas de diarios y noticiarios radifónicos y televisivos no son otra cosa que "políticos profesionales" y no hay nada peor que eso. Son personas con una clara ideología política (que me parece muy bien) que en su adolescencia se unen a las juventudes de un partido político afín a su ideología. Pasan gran tiempo de ocio dedicado al partido, de machacas en los mítines, de pegacarteles en periodos de campaña, haciendo el trabajo sucio (que es mucho) en la sede local, y así durante muchos años, pegándose a los que apuntan alto, a los que empiezan a colocarse en los puestos de vanguardia, es decir, a hacer pólitica dentro del partido. Pasan los años, se sacan su carrerita en el mejor de los casos, y empiezan a colocarse en puestecillos de escasa relevancia en los organos de gobierno locales (juntas de distrito, comunidades autónomas,...) y de ahí para arriba. De un carguito a un cargo, y de un cargo a un cargazo, pero sin dejar de política dentro del partido. Llega un día en el que los que han sabido aguantar bien de machacas en su día o han tenido buen padrino, empiezan a asomar la cabeza en los puestos punteros del partido.

Estos políticos profesionales, nunca han estado en la cola del INEM, nunca han ido a una entrevista de trabajo, nunca han sido trabajadores por cuanta propia (autónomos), nunca han tenido que adelantar el IVA de unas facturas que todavía no han cobrado (si llegan a cobrarlas), no saben lo que es sufrir un ERE en sus propias carnes, pero sí creen que estan preparados para representar a los ciudadanos que les rodean, aunque nunca han estado en su lugar.

Yo entiendo que para poder gobernar (ya sea a nivel local, autonómico, nacional, europeo...) hacen falta tres requisitos fundamentales: 1. Tener vocación o disposición de mejorar la vida de las personas a las que representas; 2. Tener unos conocimientos que poder ofrecer y 3. Tener una experiencia profesional para poner a disposición del cargo que se vaya a ocupar.

Casi ningún político actual cumple estos tres requisitos, ya que los partidos se preocupan más de ir colocando a la gente del partido que de buscar en la sociedad (empresa privada, administración,..) a la gente realmente preparada (y hay mucha) que podría desempeñar con profesionalidad las exigencias que los cargos requieren. Pero claro, cómo van a colocar de ministro, presidente de CCAA o alcalde de ayuntamiento, a alguien que no ha dado su tiempo como machaca de partido. Sería injusto. Mal comparado es como si el Real Madrid sólo alineara a los chavales de la cantera que llevan entrenando con el club media vida y que han estado de recogepelotas, en lugar de buscar un buen fichaje en el panorama internacional.

Sólo tenéis que buscar el currículum de los póliticos que se presentan a estas elecciones y coparalos con los vuestros. Hay honrrosas excepciones en todos los partidos pero la triste mayoría sólo tienen en su curriculum un largo historial de cargos de partido. Lo más gracioso es la expresión de "gran gestor" a la que hacen referencia los partidos cuando quieren encumbrar a un político. Gran gestora es la señora que sobrevive cada mes con una ridícula pensión o con un subsidio porque tiene a todos los miembros de su familia en paro.

Tenemos que ser exigentes con los partidos que se presentan para gobernarnos. Tenemos que exigir que nos presenten a quienes van a formar gobierno, sus curriculum, y qué estan dispuestos a ofrecernos con un compromiso real.

Estoy totalmente de acuerdo con la plataforma del 15M, y espero que no decaiga tras las elecciones y que los políticos hagan examen de conciencia sobre cómo deben gobernarnos y de la responsabilidad que tiene del estado actual del pais.

Dejaremos a la banca y sus amorosa relación con los políticos para otra entrada.

No os quedéis sentados esperando a que otros nos solucionen los problemas!

domingo, 16 de enero de 2011

Café con leche en vaso de caña

Aunque creo que aparentemente lo disimulo bien soy una persona con bastantes manías. Tampoco es que sea un paranoico empedernido, pero podría escribir largo y tendido sobre mis manías que van más por cosas que hacen los demás, que por hábitos y rituales en mi vida cotidiana.Vamos, que no soy de los que abren y cierran las puertas tres veces antes de entrar en sitio, o pisan un paso de cebra siempre con el pie derecho primero. Lo mío es más sobre hábitos y costumbres de los demás. Soy, o me estoy volviendo cada vez más, un intolerante social, aunque me cuido mucho de vivir esas intolerancias en silencio (como las almorranas), ya que, si no, acabarían encerrándome en un cuartito acolchado.
No sé si esta faceta me dará para escribir muchos capítulos de mi blog, pero no quiero dejar pasar una manía especial, quizá la número uno de la lista, por lo irracional que siempre me ha parecido, mejor dicho, lo racional que parece mi manía frente a lo irracional de una costumbre bastante extendida. Esta manía mía (y no os descojonéis) se llama "café con leche en vaso de caña". Así de simple, no entiendo la gente que toma el café con leche en vaso de caña, sí, el café con leche, porque la gente que bebe café sólo no lo pide en vaso de caña.
No penséis que estoy sonado y no lo toméis por lo personal, porque seguro que alguno de vosotros lo toma así; mi manía es contra el hábito, no la persona. Lo peor de todo es que esta manía va emparejada con la segunda de mi lista, la de beber el café con la cucharilla dentro del vaso.
Lo del café, reconozcámoslo, es un mundo. En una mesa de cuatro comensales no hay dos que lo tomen igual, y normalmente la gente es más exigente con un simple café que con una merluza en salsa verde, y no tanto por la calidad del producto si no por la forma: "descafeinado de máquina con leche, en vaso de caña, corto de café y con la leche templada" y nos parece normal, pero si pides "merluza en salsa verde, sin sal ni guisantes, cola mejor que lomo, en plato hondo" te invitan a que pases a la cocina y se le expliques tú mismo al cocinero mientras te prestan un casco integral de moto, por si las moscas.
Pero volviendo a mis manías y siendo lógicos ¿para qué coño se inventó la taza? seguramente para beber líquidos calientes sin quemarse los dátiles. Algún día un señor/a (no sé si en la prehistoria, en la edad media, o hace cien años) hasta los mismísimos de quemarse los dedos, se puso manos a la obra, e inventó el asa para ponerlo en el tazón que utilizaba todos los días para tomárse su café en el desayuno, porque el café con leche en vaso de caña no se pide en la sobremesa. Pero siempre hay alguno más maniático que yo que decide retar a la evolución y prefiere sacrificar sus huellas dactilares. Además, no hay nada menos atractivo que un vaso de caña de bar, habitualmente rallado por el uso y el paso por el lavavajillas, con su platillo blanco (pareja de la taza) que no están hechos para convivir juntos, si no, sería también de cristal desgastado.
Pero el colmo del masoquismo no termina ahí, pasa por tomarse el café quemándote dos dedos (los más duros utilizan tres) mientras que con el índíce te preocupas de sujetar la cucharilla para que no se te meta en un ojo, o te haga un piercing no deseado en el carrillo. Joder, y el maniático soy yo.
Cuando en alguna ocasión timidamente he preguntado porqué no dejan la cucharilla en el platillo, me han respondido sorprendidos que sujetándolo con el índice no molesta. Os aseguro que te puedes comer un chuletón de buey de 1 Kg enterito con sus patatas y todo, con tres palillos en la boca, un rastrillo metido en el bolsillo del pantalón y subido a un taburete con una pata más corta que otra; es cuestión de habilidad, pero me apuesto el chuletón a que es más incómodo, que hacerlo de la manera "tradicional".
¿Cual es el fin de la cucharilla en el vaso? Desde aquí invito a los aludidos a que me expongan sus argumentos. Nunca se sabe, a lo mejor dentro de unos días empiezo a experimentar ese placer por mí desconocido (reconozco que nunca lo he probado) de beber de una taza con la cuchara dentro, porque de lo del vaso no me apeo, de hecho cuando me han servido un café en vaso, he pedido amablemente al camarero que me lo cambie a la tradicional taza, que por cierto, no hay nada que más me joda que me den una taza en la que no te quepa el dedo por el agujero del asa.

Es que yo debo ser muy raro... o es que el café me da mucho juego.

lunes, 10 de enero de 2011

PROPÓSITOS Y BALANCES

Comienza un nuevo año, cerramos una década y empezamos otra. La llegada del año nuevo siempre viene cargada de propósitos y expectativas que normalmente abandonamos sin dejar terminar el mes de enero. Dejar de fumar (el primero de todas las listas), adelgazar (el primero de todas las listas de exfumadores), practicar algún deporte, intentar acabar una colección de miniaturas con fascículos, etc...
Yo no soy muy de propósitos, y menos en enero, porque me conozco bien y sé que la emoción no me llega al día de Reyes, además ya se encargó MI médico de hacer los propósitos por mí. Fumo poco y no estoy dispuesto a dejarlo, he adelgazado lo suficiente para tener que renovar vestuario, ando a diario como si practicara algún deporte suave, y dejo las miniaturas para la vejez; pero sí me he hecho un próposito este año, que estoy poniendo en práctica, continuar el blog que empecé hace más de un año y que tras una entrada en el tórrido verano del 2009 no he vuelto a tocar.
Fue la concidencia de encontrarme a un amigo, que aun se acordaba de "El colesterol y la vida de conejo" más que el cambio de año y sus parejos estados de optimismo, lo que me animó a retomar este, mi blog.
¿Hasta cuando durará mi animosisdad? ¿Con que periodicidad publicaré mis entradas? Bueno, ante todo mucha calma, vamos poco a poco, esas preguntas no se pueden contestar, dejemos que el tiempo y mi ánimo jueguen sus cartas, a ver qué tal.
Respecto a los balances, la última semana del año pasado me pasé horas viendo programas de televisión que no paraban de hacer resúmenes de la década terminada, que por cierto ¿cómo se llama esa década? ¿los 2000? ¿y la que empezamos ahora? ¿los 10? que triste para las generaciones que han disfrutado en estos años su juventud, cuando rememoren con 50 años la década de los ¿?, ¿hacemos una fiesta de disfraces de los ¿? y vamos con los pantalones cagaos? Volviendo a los resúmenes, no fui consciente de que el tiempo había pasado tan deprisa, que diez años habían pasado volando, y aunque yo no soy de hacer balances, ni juzgar lo pasado, pensé que en estos diez últimos años no me había pasado nada, que había entrado en la dinámica de "la vida sigue" y que a por otros diez.
La ventaja de haber nacido en 1970, y sobre todo para un torpe en números como yo, es que las décadas del calendario van parejas con tus décadas, y es fácil etiquetar cada etapa (los 80, los 90, los ¿?) A mi esta me ha pillado en los 30, una edad en la que te crees que te comes el mundo y te das cuenta de que si no te lo comiste (o bebiste) en los 20, mejor dejarlo para los cuarenta, con más pasta en el bolsillo, mejor coche, mejor casa y que coño, que si no te lo comes no pasa nada. Por eso creía hasta el otro día que los treinta era una década de transición, hasta que me pare a pensar en lo qu me había pasado en los diez últimos años. No os quiero aburrir con un listado detallado de anécdotas y peripecias pero sí con una serie de acontecimientos, algunos de ellos clave, que creo que han marcado mi vida para siempre.
Empece la década con un cambio de casa (en la que sigo viviendo felizmente), también fueron los años de consolidación de mi empresa Imagen Beta, nació mi hija Carmen, perdí a mi abuela y al año siguiente a mi madre, también se quedaron en el camino dos buenas amigas, Laura y Beatriz, han nacido también la mayoría de mis sobrinos e hijos de amigos y en el último año todavía me dio tiempo a comprar, destruir y recontruir una casa en un pueblo perdido, y en la recta final a dejar mi empresa y a mis socios, y a crear una nueva.
Joder, visto así, sí que ha pasado rápido. Han pasado infinidad de cosas más pero realmente estas son las que yo creo que han marcado mi década, y si quitamos lo de las casas y lo del trabajo que al fin y al cabo son importantes, pero podría vivir en otro sitio o trabajar en otra cosa, la cosa se reduce a los que se han ido, casi todos a destiempo, y a los que han llegado. La ausencia que dejan los primeros y la planitud que traen los segundos es el resumen de la vida en sí misma.
¿Década de transición? No, para mí esta será la década más importante de mi vida. Es la década en la que nacío Carmen.

jueves, 20 de agosto de 2009

El colesterol y la vida de conejo

Hoy he recibido une-mail de mi primo Dom, que se dispone a venir de vacaciones a Madrid (desde Inglaterra, donde vive) la semana que viene. Me hace gracia que Dom siempre se dirija a mí en sus correos y conversaciones telefónicas de la misma manera: "Hola Primo", teniendo en cuenta que tras dos años en España como profesor de inglés, sean las dos únicas palabras que consiguió aprender de español. Miento, en una semana escasa aprendió a pedir cañas y, tras un año frecuentando el mis mismo bar para ver futbol de la liga inglesa, un día me sorprendió pidiéndole al camarero muy orgulloso "maní" como acompañamiento a su cerveza. Yo no entendí que tipo de lenguaje utilizaban entre ellos pero el camero asintió y fue directo a ponerle su aperitivo. Cual fue mi sorpresa cuando éste volvió con un platito lleno de cacahuetes salados, y mi primo me miró como diciendo ¿que pasa, no has comido cacahuetes en tu vida? Indudablemente fue el camarero sudamericano el que le enseño esa palabra, que aunque correcta ya que la recoge la Real Acedemia de la Lengua, en Madrid ya no la utilizan ni los dependientes de las tiendas de encurtidos. Mi pobre primo sólo sabe cuatro palabras en castellano de las cuales una no le sirve de mucho.

Volviendo al tema principal, y olvidándonos del léxico de mi primo, en el correo me preguntaba si quería que me trajera algo de Inglaterra. Como me conoce bien, sabe que con "algo" los dos entendemos que se refiere a comida, ya que en mis esporádicas escapadas a su pais (que también es el mío) acostumbro a volver con la maleta llena de productos que por estas tierras escasean.
Esto puede sorprender a muchos dada la mala fama de la cocina británica, y que yo achaco a la ignorancia y a los paladares enquistados demasiado acostumbrados a nuestra famosa tortilla, chorizo, etc. Ahora no voy a hacer una diserción de los fantásticos platos y productos de las islas, ya que me dejaría llevar por la emoción y podría extenderme demasiado. Los productos que suelo traer son salchichas de cerdo especiadas (Cumberland Saussage), quesos, chocolates, rellenos para asados, galletas para queso, christmas puddings, los conocidos "pies" de cerdo, salchicha, y todo lo que se pueda meter en una maleta, sin miedo a romperse entre marañas de ropa sucia.

Con gran dolor de mi corazón he tenido que reponder negativamente a la generosa oferta de Dom, ya que mis días de apetitosas y pantagruélicas comilonas y homenajes gastronómicos llenas de caprichos culinarios han tocado a su fin (o por lo menos de momento).

Todo empezó el aciago día que llevado por mi afán solidario ya convertido en costumbre heredada de mi madre, al pasar por un autocar de la Cruz Roja decidí donar sangre, ya que habían pasado y bien pasado los tres meses de reposo desde la última vez que me sacaron el casi medio litrillo de la que yo creía mi sana sangre.

Al tomarme la tensión, la médico puso cara de preocupación por mi 15/10, y aunque me dejó donar me sugirió (dicho de forma amable) que fuese a ver a mi médico sin esperar demasiado. ¿Mi médico? ¿es que la gente tiene "su" médico? Yo desde luego no. Quizás sea el señor al que voy cuando cuando me rompo algún hueso (ese si que es mío) o el me extirpó la apéndice, pero al contrario que Ana, mi mujer, que tiene "su" ginecólogo "su" dermatólogo y "su" médico de cabecera, que debe ser el de los dolores de cabeza, yo nunca he frecuentado a esos señores que siempre te hacen esperar como si su tiempo valiera más que el tuyo y a los que nos dirigimos con complejo de inferioridad, de catetos, de gilipollas, no vayamos a molestar al señor médico que ha llegado media hora tarde y que todo lo sabe.

Tras ver como se ha modernizado lo de la salud, que ya puedes pedir cita por internet y te dan hora a las 10:17, me dirigí al que parece que va a ser "mi" médico. Una vez explicado el motivo de mi visita, a éste no pareció alarmarle mucho mi hipertensión, tachándola de normal-un poco alta, cosa que me molestó bastante en vez de aliviarme, ya que había pasado una semana pensando en que mis arterias iban a explotar y que mi corazón no iba a aguantar tanta presión hasta el día de mi cita. Si lo sé me ahorro el viaje. Pero los médicos aprovechando que vas te piden una analítica completa de sangre y orina en la que siempre incluyen algún tipo de controlador extra a base de siglas en mayúsculas que sólo deben entender los que hacen los análisis y que siempre te deja con la duda de por qué lo ha pedido ¿es que a visto mi piel demasiado amarilla? Tambien me dijo que hasta nuestra próxima cita me tomase regularmente la tensión para ver si lo de la donación de sangre no había sido fruto de los nervios ¿pero no era normal esa tensión? ¿en que coño quedamos? ¿me estaría ocultando algo?

He de reconocer que "mi" médico me cayó bien, muy profesional. Yo entiendo por profesional al tipo serio, más bien sequete, que no quiere hacerse colega tuyo, pero tampoco un borde que te regaña por la mierda de salud que tienes. En algún sitio leí que en China, la gente cambia de médico cuando cae enferma, es decir que el médico tiene que cuidar para nunca enfermes, si no es una mierda de médico. ¡Qué coñazo! un tio todo el día diciendote que no comas eso, que no fumes, que te abrigues... para eso están las madres.

Me salto el penoso proceso del análisis, que todavía no entiendo por qué hay que hacerlo en ayunas. La gente no se marearía tanto con un cafe y un buen bocata de beicon en el cuerpo.

Por fin llegó el día de la segunda cita con "mi" médico, el cual me defraudó absolutamente cuando al entrar me preguntó con ojos cansinos y voz monotona "Digame qué le pasa" ¡pero cóño si soy el del otro día, el hipertenso! ¿No es usted "MI" médico? No esperaba que me dijera "hombre Michael, ¿qué tal tu mujer y tu hija?, por cierto no he podido dormir pensando en tu hipertensión", pero tampoco me había afeitado la barba, ni me había cortado el pelo. En ese preciso momento entendí por que se nos llama pacientes y no clientes.

Tras refrescarle la memoria accedió a mis análisis y tras un vistazo en el que hacía ciertas anotaciones al margen, noté que esos análisis no eran los de un chaval de 15 años. Más o menos me vino a decir que tenía alto el colesterol, los triglicéridos (eso que dicen en los anuncios de la tele), el acido úrico, no sé que otra cosa, y además que tenía una enzima de hígado algo disparada (seguro que fue Johnny Walker), y literalmente me dijo "menos chorizo y más lechuga". Respecto a mi tensión, el hecho de haber tenido como media en esa semana 14/9, no pareció preocuparle, pero también me dijo que poquita sal y poquito tabaco. Que no me joda, que me fumo una pipa al día y eso sí que no lo voy a dejar.

A continuación y como medicina para mi decadente salud, se limitó a darme una hojita con tres columnas de colores verde, naranja y roja, que muy ilustrativa y a modo de semáforo decía lo que sí podía comer, lo que podía comer en caso de celebraciones especiales y lo que claramente no podía comer. A decir verdad, la columna verde era de ese color porque sólo incluía fruta y verdura (y atún para mi alegría), la naranja no me he molestado en mirarla y la roja porque estaba almacenada en pequeñas ilustraciones toda la carne rica y jugosa, las salchichas, el beicon... Por primera vez y contemplando esa hoja me vi víctima de mi propia profesión de diseñador gráfico. ¿El que hizo la hoja penso que somos gilipollas? Aparentemente te ponen las tres columnas con la misma extensión, lo que viene a transmitirte que puedes comer tanto o igual que lo que no puedes comer. MENTIRA. Si en la parte verde pones: Pera, manzana, ciruelas, melocotones, naranjas, y en roja pones: Ternera, salchichas de cerdo, beicon, embutidos, fiambre, NO es lo mismo. No puedes enfrentar a elementos de un grupo de alimetación contra grupos completos de alimentación.

De todas formas, y para quitarle hierro "mi" medico me dijo que no eran resultados procupantes pero que empezara a cuidarme, que si no a los cincuenta iba a estar bastante jodido. Y me emplazó para diciembre para ver que tal evolucionaba.

Quizas otro no se lo hubiera tomado tan a la tremenda pero, a pesar de no ser una persona hipocondriaca, el historial de infartos de miocardio y de afecciones cardiacas en mi familia me ha hecho tomarme en serio las recomendaciones de "mi" médico. Ahí, en esa pequeña consulta y con "mi" médico y su joven aprendiz (que sólo miraba) como testigos murió con 39 años Michael Linares Gill, y nacio Michael "el conejo".

Como muestra de su amor a mí, Ana se ha solidarizado conmigo y seguimos casi al pie de la letra la vida de los conejos, excepto por su desenfrenada actividad sexual. De todas formas y no es que no me fie de ella, pero en verano es muy fácil comer ensaladitas, gazpacho, ciruelas, agua (que mal sabe la hija puta), habra que verla en otoño y en invierno renunciando a las lentejitas con chorizo, al roast beef, a esos homenajes en el Burguer King y en el Kebab de la esquina, no sé si será capaz (ni yo).

Lo de la sal me da igual, en algún sitio he leido que sin sal se disfruta del verdadero sabor de los alimentos, y me lo he creido. Lo de la leche de soja ha sido un bendición ya que siempre he odiado la leche de vaca; tampoco es que me la beba a litros pero para acompañar mis cereales de desayuno (antes donuts) no está mal. Lo cachondo es lo de la fruta ¿fruta? quitando alguna manzana o plátano creo que no comía fruta desde pequeño. No es que esté mala, es que da mucha pereza (voy a probar a comerme los kiwis sin pelar). Ahora sólo veo en la tele anuncios de productos contra el colesterol y triglicéridos, con esos dibujos de los Omega3 limpiando las arterias. Cada vez que bebo leche de soja noto como mis arterias limpian los restos de mi anterior vida, y cómo el gazpacho desbloquea ese río lleno de arboles que le impedían fluir alegremente. No sé si lo estoy somatizando o sodomizando porque tanta verdura empieza a dar por culo.

También me he propuesto hacer un poco más de ejercico del habitual, que se limita básicamente a andar, pero sin grandes pretensiones de hazañas deportivas.

Lo que realmente me ha dolido ha sido tener que renunciar a mi porción de comida inglesa enmaletada, aunque si Dom me conoce bien, que creo que sí, hará un hueco para unas salchichitas o un poco de "smoked back bacon". Y si no, el se tomará una caña con "maní" y yo una SIN con unas olivitas.

Michael